No va a volver esta vez. Tomó el tren, y yo no pude ponerme frente a la enorme maquina intentando detenerla no porque no quisiera hacerlo, realmente, porque la pena me paralizó. ¿Que hago? Leeré aquel libro de ciencias que he tenido en la mano todo el día sin entender un solo párrafo porque no dejo de pensar. No tengo ánimos. No quiero enviarle un mail por el miedo de hablar de más y de pronto hacerle sentir mal. No soy buena hablando en mis malos momentos, siquiera razonando. Me gustaría hablarle sin dejar ver lo que me causa esto, enviarle alguna carta diciendo que lo extraño y que esta todo bien, pero no puedo, me cuesta, me resulta imposible mentirle... me resulta imposible estar bien sin su presencia. Sinceramente no me siento abandonada, de hecho, me siento más acompañada que antes, que en otros distanciamientos. Creo que en esta oportunidad fue distinto, y hermosamente grato tener la oportunidad de despedirme de él de una buena forma. Aun así... no quita el dolor. Por alguna extraña razón sigo manteniendo MSN abierto, no mentiré, tengo la esperanza de verlo entrar.

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